- Democracia -
Legitimidad Internacional
No existe un modelo acabado de democracia en el mundo ni una teoría
de aplicación universal. Sin embargo, más allá de las diferencias de
los sistemas democráticos nacionales en atención a sus propias
experiencias y culturas, Estados de diferentes latitudes geográficas
y niveles de desarrollo coinciden en su respeto por principios o
valores democráticos universales y por la interdependencia de la
democracia y del desarrollo.
Esa interdependencia, sustentada en el respeto de los derechos
humanos y del estado de Derecho, ha sido caracterizada como una de
las grandes conquistas del mundo actual, en el cual la democracia se
consolida y profundiza con el desarrollo humano y actúa como su
componente legitimador fundamental; y el desarrollo humano contribuye
al fortalecimiento de los valores y principios democráticos, en
particular los de libertad, igualdad, responsabilidad, justicia
social y solidaridad.
La democracia es aplicable a las sociedades y Estados en su vida
interna y en sus relaciones externas porque es un derecho fundamental
de la ciudadana y del ciudadano, y porque su esencia es la promoción
de la dignidad humana cuya realización requiere asegurar condiciones
para el pleno ejercicio de los derechos humanos, el bienestar básico
y el mejoramiento de la calidad de vida del pueblo, con la
colaboración recíproca internacional que permite utilizar mecanismos
y procedimientos con otros Estados y sus habitantes por medio de la
integración, la cooperación y un mejor aprovechamiento de los
espacios positivos de la globalización.
Por las mismas razones, la democracia es aplicable a las
organizaciones internacionales y busca asegurar la igualdad
equitativa y la participación de los Estados en la gestión publica de
dichas organizaciones para alcanzar el bien común internacional. Esta
cooperación adquiere mayor consistencia, certidumbre y duración
cuando, en organizaciones de integración, se integran competencias
soberanas ejerciéndolas en procesos democráticos que garantizan
participación y beneficio más directo y tangible de los pueblos.
Está internacionalmente reconocida la vinculación indisoluble entre
el cumplimiento de los derechos humanos y el ejercicio efectivo de
la democracia, como condición ineludible para la vigencia de dichos
derechos y para establecer las bases de una convivencia social que
promueva el desarrollo y la seguridad humana.
La democracia así concebida legitima tanto el proceso político
nacional como el proceso político de integración regional, de
cooperación y de inserción en la globalización y establece, por su
propia naturaleza, una interacción positiva y recíproca entre el bien
público local, nacional e internacional.
Hay Estados en transición a la democracia, como Honduras, en los
cuales es mayoritaria la población en situación de pobreza,
desigualdad y exclusión. Una de las causas de tal situación se
reconoce en el hecho de que la evolución hacia instituciones
republicanas y democráticas ha sido afectada por grupos de interés
que han desviado al Gobierno del Estado de su objetivo social común y
de lo que prescribe el estado de Derecho. Conducta que ha fomentado
la corrupción que es igualmente problema grave que obstaculiza tanto
el desarrollo humano de los habitantes como la transición
democrática.
Esa situación genera inestabilidad por ser una afrenta permanente a
la dignidad humana que contradice internacionalmente los principios
de la democracia y del desarrollo, ya que la democracia es un derecho
del pueblo hondureño, y el Estado tiene la obligación de promoverla y
defenderla mediante un régimen político que, orientado hacia el
desarrollo humano, se refuerce y profundice con la participación,
permanente, ética y responsable de la ciudadanía, pues tal como lo
reconoce la Secretaría General de la ONU: "No se puede catalogar
realmente como democrático a ningún Estado que no ofrezca a su
ciudadanía una salida a la pobreza. Y, a su vez, ningún país puede
verdaderamente desarrollarse si su ciudadanía está excluida del
poder".
En suma, el sistema político de Honduras sólo podrá acreditar su
legitimidad, conforme a criterios internacionales, garantizando que
(además de la celebración de elecciones auténticas, libres y justas,
así como de la pluralidad de partidos y organizaciones políticas, y
la separación e independencia de los poderes públicos) realiza una
actividad democrática constante hacia la promoción y protección de
los derechos humanos incluyendo el derecho al desarrollo, porque
la democracia así concebida y ejercida es la base del Estado de
Derecho, del régimen constitucional de Honduras y de imperativas
normas internacionales.
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